La caja de documentalia

un mar de documentales

Periodismo y documental: dos caras de la misma realidad

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Entrevistamos a Natalia Román una joven estudiante de periodismo de la Carlos III que se ha embarcado en un máster de cine documental y que nos habla de su primer proyecto sobre Enrique Meneses, un maestro español del fotoperiodismo.

Enrique Meneses y Natalia Román durante el rodaje en la casa del fotoperiodista


 

El documental ha experimentado un gran boom en los últimos años, ¿te parece una buena salida para estudiantes de Periodismo? ¿Por qué la elegiste tú?

A mí me parece la mejor forma de completar la carrera de periodismo, pero realmente lo hago por pasión, porque no es un campo bien pagado y no hay mucho trabajo en esto.

La mayoría de la gente que se dedica al documental cuando no tienen ofertas sobreviven trabajando para publicidad, porque ahí si que pagan bien.

Tu primer proyecto documental tiene que ver con el periodismo

Sí, mi primera práctica en el master fue un corto documental de 5 minutos, un retrato de Enrique Meneses, el maestro español del fotoperiodismo (vídeo 5:43).

¿Cómo surgió la idea ?

A Enrique, le conocí en segundo de carrera, durante una charla que vino a dar en Huesca. Me enfadaron algunos de los comentarios que hizo y le fui a reprochar. Desde entonces, le visito cada semana. Hablamos de todo de política, de periodismo, de la vida…aprendo muchísimo con él.

¿Y, cuál ha sido el enfoque?

Pensé en hacer una semblanza de él porque le tengo mucho aprecio y quería hacerle que hacerle un homenaje. No está suficiente valorado aquí en España… También quise rescatar su lado humano,  porque si uno quiere mirar su trayectoria profesional, ya la tiene en internet…

¿También habéis reflexionado juntos sobre los límites éticos del fotoperiodismo y del documental? ¿sobre imágenes que comprometa o exceda algún límite de intimidad, propia imagen, etc.?

Sí, el otro día me contaba que le molesta la entrada de “estas imágenes pueden herir su sensibilidad” que se suelen hacer en los telediarios porque esas imágenes son la vida de la gente y decir eso desprestigia a los protagonistas y el trabajo de los profesionales del periodismo que se juegan la vida por tomarlas.

Yo estoy de acuerdo con que algunas imágenes bien valen estropearle la comida a alguien. Dependerá de en que contexto y del caso, pero hay que plantearse si sacar esa imagen (aunque esté un poco al límite) va a cambiar algo, entonces, sí merece la pena publicarla o pasarla en la televisión.

Y viniendo del periodismo ¿qué opinas de las tan frecuentes en el campo del documental puestas de escena ? ¿no te parece que en cierto modo suponen un falseamiento de la realidad?

Yo no creo que sea falsear la realidad. Pero es verdad, que ahora en estos tiempos en que están de moda los “híbridos”, (documentales a caballo entre la ficción y la realidad), yo tal vez por venir del periodismo me tomo muy en serio lo de diferenciar ambos campos. Una preocupación que no tienen el resto de mis compañeros en la escuela.

Pero en realidad, yo creo que la mayoría de las veces, la realidad no se recrea, sino que se fuerza un poco la situación, porque no dispones de seis meses para hacer documental observacional, ese de plantar la cámara y esperar a que pasen cosas delante de ella… si hubiera tiempo y dinero se haría…

Con que te quedas ¿periodismo o documental? o quizás eliges el ¿’periomental’?

Es difícil elegir, para mí ambas cosas están unidas y no podría renunciar a ninguna, pero tal vez el documental aporta construcción cinematográfica a la realidad, lo cual es positivo porque puede añadir sal al periodismo, sin llegar a distorsionarla.

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diciembre 22, 2010 at 9:42 pm

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“Pecados de mi padre”: Escobar hijo vence en la Habana

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Sebastián Marroquín, cargó durante muchos años con la culpa de ser el hijo de Pablo Escobar, el más grande narcotraficante de la historia de Colombia, hasta que un día se encontró en el camino al director argentino Nicolás Entel. El Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana ha premiado esta película, una producción argentina, sobre la expiación de los pecados.

Sebastián, nació en 1978 bajo el nombre de Juan Pablo Escobar, y fue el único hijo varón de Pablo Escobar, el capo de la droga que puso en jaque al Estado colombiano. Creció como un niño lleno de privilegios hasta que en abril de 1984 su suerte y la de su familia empezó a cambiar.El signo de los Escobar empezó a virar el día que el narcotraficante más famoso de Colombia decidió asesinar al político y co fundador del Partido Nuevo Liberal, Rodrigo Lara Bonilla, el cual se atrevió a denunciar la infiltración del dinero del narcotráfico en los círculos más altos de poder colombiano.

Pero cuando Pablo Escobar firmó su sentencia fue cuando mandó matar al político liberal Luis Carlos Galán (video 4 min.),  acérrimo enemigo de los carteles de la droga colombianos y que fue abatido en plena campaña presidencial en la provincia de Cundinamarca.

La guerra entre el gobierno colombiano y el omnipotente Pablo Escobar quedaba declarada. El 2 de diciembre de 1993 el capo de la droga caía abatido.

Su familia se refugió en Argentina y ocultó su identidad.

Pecados de mi padre, que ahora ha vencido en uno de los Festivales más importantes de América Latina, muestra la infancia de Juan Pablo Escobar (Sebastián), a través de vídeos y otras grabaciones realizadas por el propio Escobar, pero sobre todo se centra en el intento de Sebastián de expiar  los crímenes de su progenitor a través de una carta de  perdón a los hijos de dos de sus principales víctimas políticas. Un intento único por la vía del documental para romper el ciclo de la violencia que sigue asolando el país latinoamericano. A pesar de su inicial resistencia, el propio Marroquín dice que ha hecho “docuterapia” con esta película.

Nicolás Entel, tardó seis en convencer a Sebastián para que se embarcase en esta película, pero con paciencia y esfuerzo consiguió un punto de partida: una carta en la que el hijo del narco pide perdón a los hijos de Lara y de Galán.

Sorprendentemente Rodrigo Lara, se subió a un avión y fue a Argentina para conocerle. Este gesto le hará tomar coraje A Sebastián y le decidirá a  encontrarse en secreto con los hijos de Galán en Colombia, a pesar del miedo que tiene a que los antiguos enemigos de su padre pudieran comprometer su seguridad. Un paso que para muchos es un paso hacia la reconciliación de Colombia y hacia la suya propia.

Y es que si algo tenía claro Sebastián Marroquín era que tenía que hacer “exactamente lo contrario” a su padre si no quería convertirse en un Escobar 2.0. Y parece que con esta película siguió por el camino contrario al de la guerra que desencadenó su progenitor, el de la paz.

Esta es la segunda obra del director Nicolás Entel, graduado por la Universidad del Cine de Buenos Aires, que ya realizó una opera prima sobre una orquesta de tango.

El proyecto que se dio a conocer en el Talent Campus del Festival de Berlín, a través del cual consiguió que el canal franco-alemán ZDF/ Arte comprara los derechos para sus cadenas en Francia y Alemania. Luego, además, la propuesta fue llevada a Hot Docs / Toronto Documentary Forum, recibió la prestigiosa beca IDFA Jan Vrijman Fund y se ha hecho con el galardón de la Official Selection Sundance Festival 2010 y la Best Doc & Audience Award Miami Film Festival 2010.

Ha sido adquirida por Discovery Channel y Channel Four entre otras y se ha estrenado en las salas de cine de Argentina, Colombia, España y México y pronto lo hará en Brasil y Estados Unidos.

Homenaje documental a José Saramago

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El Festival Internacional de cine de Ronda, patrocinado por la Universidad Carlos III, abre con una obra documental dedicada al recientemente fallecido escritor José Saramago. La película José y Pilar versa sobre lo que fue el día día literario, político y personal de los últimos años del premio Nobel y ha sido co-producida por Almodovar. El acto fue presentado por su mujer, Pilar del Río, co-protagonista de esta historia y por el juez Baltasar Garzón.


El Festival de Ronda nació con la vocación política de dar a conocer las problemáticas políticas de otras lugares del mundo, y bajo el lema ‘Cine Político para el Siglo XXI’ no ha encontrado mejor apertura que un documental de Miguel Gonçalves Mendes, sobre José Saramago un escritor que se definía ante todo como ciudadano. Con esta película su director ha querido narrar el proceso de redacción de ‘El viaje del elefante’ y su día a día como activista político junto con su pareja la periodista Pilar del Río

La película, que toma como narrador al escritor portugués, parece una semblanza de sus últimos años, en los que estuvo embarcado en El viaje del elefante aparte de innumerables actividades literarias, académicas y políticas en todo el mundo.
Pero también, y sobre todo, es una historia de amor y complicidades con su pareja, Pilar de Río, compañera inseparable del escritor, a la que conoció a los 63 años.

La Fundación José Saramago, estaba en la sala para recibir a Pilar , que acudió al estreno, acompañada por el juez Baltasar Garzón, amigo personal de Saramago, y al que, por cierto, el escritor dedicó su último post cuando fue separado de su cargo.

En la sala, Pilar y Baltasar, se miran con complicidad amiga y un poco de emoción, tal vez recordando que la última vez que se sentaron juntos fue pocos días después de la muerte del escritor. Y es que el juez compartió con Saramago no pocos actos en favor de los derechos humanos y la democracia y así se fue forjando su amistad.  Garzón, hoy, le recuerda hoy como una persona capaz de sacar fuerza para trabajar hasta  “en las últimas horas de su vida”.

Precisamente, Miguel Gonçalves, el director del documental, comparte con los dos esa admiración por el Saramago hombre. De hecho, cuenta este proyecto surge del empeño en tratar de demostrar que  había un Saramago más íntimo y entrañable muy diferente al de la imagen que nos daban los medios. Y fue ese, un Saramago de dimensión humana, el punto de partida del documental.

Para acometer esta tarea cuenta Gonçalves quiso “huir del documental al uso, y hacerlo como si fuera una película de ficción, contar una historia, con su nudo y su desenlace” . La película, en este sentido, según él, no es más que “la historia de un escritor que va a escribir un libro, y enferma durante este proceso, y cuenta todo lo que ocurre, todo lo que vive hasta que lo culmina”.
Acompañado por la sonrisa de Pilar, Gonçalves cuenta como al principio no fue nada fácil que la pareja aceptara formar parte del proyecto, pero al final su perseverancia los venció. Llegó a rodar con su equipo 240 horas durante cuatro años, la mayoría en la casa del escritor, pero también en actos literarios y políticos por todo el mundo. Luego vino la ardua tarea del montaje.
Saramago murió dos años después de que acabara el rodaje, por lo que el valor del filme, hoy, dice Pilar es  mostrar al Saramago que poca gente conoce. “Era una persona que no tenía contradicciones, era tal como escribía, pero era muy tímido lo que hacía mostrarse como un ser lejano” dice con tristeza en sus ojos.
El título de  José y Pilar, comenta Gonçalves, fue sugerido por el propio Saramago al cual le pareció el nombre más honesto. Pero se descartó una primera propuesta de que se llamara Unión Ibérica, por la polémica que había desatado unas declaraciones de Saramago sobre un Estado Federal que incluyera Portugal.
“Según el título soy aparentemente la mitad de la película, pero ya verán que es bastante menos”, avisó Pilar del Río antes de que comenzara la proyección. Aplausos para de un hombre que ya se fue pero del que hoy podremos disfrutar por hora y media.

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noviembre 27, 2010 at 10:48 am

Naomi Kawase o el preludio del cine

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En menos de una década, la realizadora japonesa pasó de los experimentos de cine urbano en la  Osaka School of Visual Arts a ganadora del festival de Cannes, con su primera película de ficción Moe no Suzaku (1997). Veinte años después, en el 2007,  repetiría en el palmarés con Mogari No Mori. Un recorrido necesario para entender la construcción poética e íntima del cine de Kawase, siempre a caballo entre el documental y la ficción. Desde la más cruda realidad del abandono parental, el cual sufrió al poco de nacer, a la ensoñación de lo no visible.

Naomi Kawase nació en 1969 en la histórica ciudad de Nara, en un momento dorado del cine underground japonés.

Esta atmósfera cultural, y el hecho de que fue criada por sus abuelos tras el abandono de sus padres cuando todavía era un bebé, marcaron un estilo cinematográfico cruzado por la ausencia y la búsqueda.


Su primera película, Embracing (1992), partió precisamente de la idea de la búsqueda de su padre, del que no tenía noticias desde niña. Con esta premisa Kawase se encaminó a la pesquisa de si misma y la vulnerabilidad en la que le colocó este abandono. Un viaje por los albumes de fotos preñados de detalles y ausencias y por los sentimientos todavía atrapados. Cuando  por fin, Kawase encuentra a su padre,  descansa, porque al final ha hallado ese pedazo roto de sí misma… Y el espectador suspira aliviado porque ha asistido a un momento trascendente de su propia intimidad, que a través de las manos de la realizadora japonesa se ha hecho universal.

Fotogramas de la película Embracing

Y es que el cine de Kawase trasciende de su relación íntima con las aspiraciones de la película y nos coloca en una ‘epifanía’ de trazos universales en la que nos vemos envueltos sin remedio. Lo autoreferencial proviene de una referencia de la realidad que todos podemos comprender y que resuelve en cierto modo esa crisis de lo representacional que nos trajo el documental post moderno.

Pero no sólo Embracing está dedicado a su búsqueda íntima, también en Cielo, viento, fuego, agua, tierra (2001), en el que explora sus sentimientos ante la muerte de su padre y su desaparición física.

La realizadora japonesa con su hijo recién nacido

Pero cuando Kawase llegó al climax de su universo íntimo fue en 2006 con Nacimiento/Madre (Tarachime), película en la que explora el momento del nacimiento de su hijo y la inminente desaparición de la persona que la crió como una madre, su abuela. En un intento de atrapar a “su madre” antes de que se vaya, la filma en una desnudez (literal) que sorprenden al espectador por la honestidad de un cuerpo al final de su vida. Cuando el pequeño Mitsuki nace, Kawase nos regalará unos planos de sobrecogedora belleza sobre el nacimiento y la muerte, a través de dos manos que se enlazan, la de su abuela y su hijo.

Pero no es la primera vez que Kawase persigue las cosas efímeras para mirar dentro de ellas, para revelar  las cosas que no son tan evidentes, porque no se ven y porque “dentro de ellas hay algo”, dice la realizadora japonesa.

En este sentido, Kawase afirma que “Yo filmo porque hay cosas que no puedo olvidar. Podría guardarlas en mi memoria. Pero necesito darle una forma a mis recuerdos” y parece que la única forma que conoce de moldear que tiene la directora japonesa es su cámara.

Por eso son frecuentas las escenas de viento, nubes, el humo del vapor de una olla, en un intento de atrapar la imagen del instante, que se evapora en un estilo que se mueve entre el videoarte y el cine documental y que llevado a su expresión máxima produjo películas como Carta a una flor de cerezo amarillo (2003), que habita en una sinfonía de momentos de un hombre en estado terminal. Como dice la propia Kawase en el film en un intento de  “dejar algo detrás, para probar que existo”.

El cine de Kawase es una exploración abierta de evanescencias y apariciones en busca de lo sublime que ofrece la vida, la realidad. No en vano, sus dos últimas peliculas tratan, como no, sobre la muerte y la vida.(El bosque del luto en 2007 y Genpin de 2010) y ambas comienzan con unos árboles acariciados por el viento.

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noviembre 20, 2010 at 4:21 pm

El conflicto del Sahara contado por las cámaras saharauis

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El pasado 8 de noviembre el gobierno de Marruecos desmanteló el llamado “campamento de la dignidad” en El Aaiún, la capital del Sahara Occidental, a pocos kilómetros de Fuerteventura.  Sin embargo y a pesar del  bloqueo informativo que pretende imponer Marruecos, las primeras imágenes de violaciones de derechos humanos están saliendo a la luz. No en vano, este conflicto que ya dura más de 35 años, ha pasado por la cámara de algunos documentalistas, periodistas y activistas que no quisieron que este se perdiera en el silencio, pero desde hace un tiempo los propios saharauis han tomado  las cámaras y han sido ellos los que nos han enviado las primeras imágenes desde el Aaiún. Además, la primera escuela de cine saharaui ya está en marcha.

De la “Marcha Verde” a la masacre de 2010, las cámaras de diversos adeptos a la causa saharaui no han querido callar la crudeza de la lucha de la autodeterminación de este pueblo,  y este ha sido precisamente  el espíritu del “Campamento de la Dignidad” desmantelado por Marruecos hace unos días: una reunión de grupos de saharauis, procedentes de diversos puntos reunidos en un lugar del desierto a las afueras del El Aaiún: dejar constancia de la vulneración de derechos políticos y sociales que están sufriendo por parte del Reino de Marruecos.

Haciendo un poco de memoria, hay que recordar que hace 35 años, el 6 de noviembre de 1975, el gobierno franquista de la época abandonaba a su suerte el hasta entonces su territorio colonial  y firmaba ‘Los acuerdos de Madrid’ con Marruecos y Mauritania, desatendiendo así la Resolución 3458 de Naciones Unidas, que reconocía el derecho a la autodeterminación del pueblo saharahui hasta entonces colonizado por España y que proponía ya entonces la celebración de un referéndum para resolver la cuestión de su soberanía. Aunque no era ésta, la versión del Informe Semanal de la época.

El reconocimiento de la importancia que a lo largo de estos 35 años han tenido la presencia de las cámaras ha desembocado en la creación hace tan sólo unas semanas de la Escuela de Formación Audiovisual Abidin Kaid Saleh de la República Arabe Saharahui Democrática (RASD), iniciativa que según sus organizadores quiere  ‘preservar y difundir mediante la realización audiovisual la idiosincrasia y el acervo cultural del pueblo saharaui’.

El germen de este Centro, sale del Festival de Cine del Sahara (FISAHARA), una muestra celebrada en los campamentos de refugiados de Tinduf, que aparte de ofrecer películas de temática saharaui, ha empezado a incluir en su cartelera cortos realizados por jóvenes saharauis. En este sentido, la organización del festival ha llevado a cabo una formación cinematográfica paralela a la proyección de películas.

Sin embargo, y en un plano más regido por la necesidad que por la expresión artística, los saharauis hace tiempo que tomaron las cámaras para intentar documentar su lucha, entre ellos están la iniciativa Sahara libre del Frente Polisario (videoteca), o de activistas de derechos humanos, como la Comité saharaui para la Defensa de los Derechos Humanos de Smara, que documentan todas sus acciones audiovisualmente y las suben a internet.

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noviembre 12, 2010 at 7:17 pm

‘Surviving Amina’: un drama íntimo sobre la leucemia infantil

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Entre los olvidados del palmarés del Festival Internacional de Valladolid (SEMINCI), un documental de lucha y esperanza dirigido por la periodista española Bárbara Celis, que puso su cámara al servicio del drama familiar que sacudió a una pareja de amigos cuando descubrieron que su hija Amina, de tan sólo cuatro meses, tenía leucemia. El ojo de la cámara traspasando la barrera de la intimidad, con consentimiento.

Barbara Celis, una periodista madrileña y neoyorquina de adopción, colaboradora de El País y otros medios nacionales e internacionales, se encontró con este drama por azares de la vida. Lo que en principio apuntaba a ser una celebración del nacimiento de la segunda hija de unos amigos europeos, una pareja de artistas afincados en Nueva York, la convirtió en testigo de una lucha contra la muerte.

Celis le pidió a su amiga filmar el nacimiento de Amina, sin saber que cuatro meses después, cuando la niña fue diagnosticada con leucemia, la propia Anne Lamuniere, le pediría seguir filmando a Amina en un proceso que pudiera llevarle a la muerte, como finalmente pasó.

Para ella era extraño imaginar que la filmación del alumbramiento de Amina le embarcaría en este viaje en el que como dice la propia directora ‘la mayoría de la gente vive en solitario, en silencio y sin testigos’, pero tras la diagnosis de Amina, Anne, su madre pensó que filmar lo que vivía su familia podría ayudar a otras personas ‘a superar el miedo’ que produce una enfermedad así.

Barbara Celis: de la crónica cultural de Nueva York a una inmersión documental en pos de ‘hacer sobrevivir’ a Amina a través del dispositivo cinematográfico. La cámara pronto se convirtió en el espejo del drama y donde se guardaban como una caja de pandora los momentos más catárticos de la familia de Amina.

El cineasta ruso Sokurov recomendaba a quien quisiera oírle que ‘lo que se ama o lo que se odia no debería ser filmado’. Sin embargo esta documentalista novel incumplió los dos mandatos en busca de un de un diario íntimo del drama de sus dos amigos. Pero, no ha sido la única, ni la primera vez que asistimos a la crudeza de un drama íntimo en el historial reciente del documental.

Mas de un crítico, como el francés Jean Louis Comolli, ha observado como desde el periodismo, y como reacción precisamente al eje discursivo imperante en  los medios de comunicación se haya buscado una puerta de escape intimista al discurso de los mismos.

Capturing the Friedmans (Andrew Jarecki, 2004),  construye un retrato en primer plano de la pederastia a través del material de  Jesse Friedman (inglés 2:19 min), que aún en los peores momentos del proceso que vivieron su padre y su hermano, mantuvo la cámara en mano para registrar lo que sucedía. El documentalista alemán Jarecki, adoptó el material de Friedman y construyó una historia contada por un testigo no incomodo, ajeno a la familia:  Jesse era uno de ellos.

El valor y la dificultad de los momentos registrados en Surviving Amina (inglés, 2:47 min) están conseguidos gracias al pulso firme de Barbara Celis y su vocación de invisibilidad, limitandose a poner su cámara al servicio del drama familiar que se vivía en torno a Amina.

Y el acierto del documental, en este sentido, fue sacar el foco de Amina y de la crudeza de ver una niña aquejada de una enfermedad terminal y poner el equilibrio narrativo en lo que la leucemia iba desencadenando en su núcleo familiar.

Aunque la mirada cinematográfica de la propia intimidad ha seducido a otros cineastas, produciendo propuestas innovadoras como las de la japonesa Naomi Kawase (Katsumori,4:36 min) o la irreverente Tarnation (Trailer en inglés; 2:22 min), de Jonathan Cauette, o trabajos con voz propia como el de Ross McElwee (entrevista;8:55); el logro de Barbara Celis, es haber hecho de la cámara un observador, un oyente y un instrumento para las catarsis y la intimidad de los otros: dos padres en busca de una fórmula que alivie el dolor ante la muerte de su hija pequeña. Y aún así, en medio de tanta oscuridad, Barbara consigue dejar al espectador un rayo de luz.

 

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noviembre 5, 2010 at 11:42 pm

Kiarostami repite oro en la SEMINCI con otro de sus juegos cinematográficos

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El consolidado realizador iraní Abbas Kiarostami se lleva, ex aequo con la argentina Sin retorno del novel Miguel Cohan, la espiga de oro de la SEMINCI por un film que sumerge al espectador en uno de sus habituales bluf, juegos entre la realidad y la ficción del cine. Una reflexión sobre la construcción conematográfica entre el documental y el teatro.


Copia certificada, la ganadora de la 55 edición del Festival del Cine de Valladolid (SEMINCI), es la historia de un escritor inglés (William Shimell) que ha realizado un ensayo en defensa del concepto de la copia y una galerista de antigüedades francesa, (Juliette Binoche) que al encontrarse realizan una indagación sobre el valor de la copia frente al original en el mundo del arte.

 

Esta investigación derivará en una especie de juego de imposturas y ficciones amorosas que transcurrirá por un escenario, esta vez, alejado de los amplios desiertos a los que nos tiene acostumbrados el realizador persa, y que nos hará recorrer una Toscana plagada de turistas, que precisamente andan en busca de originales.

En este recorrido, el espectador derivará en una reflexión más acotada sobre la representación cinematográfica y la construcción de la realidad de este séptimo arte, y que nos lleva necesariamente a la idea de que el cine, incluida la no ficción, es una copia acotada de la realidad: ese tiempo y espacio que pasa ante nuestros ojos fugazmente y que no podemos atrapar aunque sea registrada por una cámara de cine.

Juliette Binoche y William Shimell en una de las escenas de la película

Al principio de este juego, Kiarostami, a través de su protagonista, nos da una pista para evitar que nuestra relación con el cinematógrafo no acabe en tragedia: “la copia posee valor por sí misma, porque nos conduce al original”. Y la impostura de la relación cinematográfica que representan los personajes al fingir que son pareja, o antes que no lo son, nos aproxima al sentimiento universal del amor; que en ocasiones, en la película se presenta como una repetición de momentos originales: una reconstrucción que ya ha llamado la atención de otros directores.

Fotografía del director iraní, tomada durante un rodaje

Si revisamos la filmografía de Kiarostami, veremos que el realizador iraní es un habitual de los bluf, montajes argumentales que se revelan falsos, o de las reflexiones sobre la representación cinematográfica que adoptan una forma de juego con el espectador.

Uno de ellos, A través de los olivos, que  ya le hizo alzarse con la espiga de oro de la SEMINCI en 1994, era una historia que se desarrollaba entre la ficción y la realidad de un rodaje realizado en un pueblo destruido por el terremoto en Irán, tras el que fluía una reflexión sobre las construcciones sociales y del cine (vídeo 2:25 min.).

En su alterego de la no ficción, podríamos señalar la corriente de documental reflexivo, que tienen como exponente a realizadores como el brasileño Santiago Joao Salles, (Santiago) que no duda en mostrar que el documental también tiene trampa y tiene cartón, y el descubrirla al espectador puede formar parte de la mirada que le quiera imprimir su director.

En El sabor de las cerezas (1997, ver escena 2:59 min.), el director iraní nos hace recorrer un paisaje desértico, acompañando a un personaje que deambula en busca de una persona que lo ayude a suicidarse. Cuando está a punto de cerrarse el telón de esta historia, Kiarostami nos muestra a su equipo de filmación descubriendo así al espectador la tramoya, en este caso el dispositivo de rodaje.

Si seguimos navegando en retrospectiva por sus películas nos encontraremos con películas anteriores, con escenas anteriores, como la de Close up (1990) en las que el director nos revela el montaje (ver escena 6:55 min) a través de una imagen mal encuadrada y una voz fuera de campo que dice que no se ve bien al personaje pero que tampoco pueden repetir la toma por falta de presupuesto.

Al final, de las películas de Kiarostami, nos queda una reflexión sobre la belleza de la reconstrucción. Benjamin y Adorno, probablemente no estarían de acuerdo, porque en esta época de reproductibilidad técnica y de internet se ha perdido ‘lo aurático’ frente a la pieza de arte original, pero en el caso del cine, lo cierto es que para estar más cerca de ese espacio y tiempo primario se necesita de una cámara que vaya construyendo realidad a puntadas.

Written by la caja de documentalia

noviembre 1, 2010 at 1:09 pm